Las patatas fritas ¡una bomba!
Pese a que este tubérculo cocido o asado te lo puedes permitir (sólo aporta 71 calorías por cada 100 gramos), fritas resultan prohibitivas.
Patatas fritas (1 ración, 175 g) 375 kcal
La bebida... también cuenta
La mejor opción es siempre agua (0 calorías), como las ranas, pero no vamos a engañarnos. Muy pocos la eligen.
Cerveza (1 vaso, 200 ml) 80 kcal.
Cerveza sin alcohol (1 vaso, 200 ml) 42 kcal.
Refresco de naranja (1 vaso, 200 ml) 96 kcal.
Refresco de cola (1 vaso, 200 ml) 87 kcal.
Refresco de cola light (1 vaso, 200 ml) 2 kcal.
Y de postre... helado, con salsa
Está buenísimo sí, pero es la gota que colma el vaso. Si sucumbes a la tentación estás sumando:
Cono (100 g) 175 kcal.
Tarrina de sabores (165 g) 270 kcal.
Helado con caramelo caliente (165 g) 300 kcal.
Helado con chocolate caliente (165 g) 300 kcal.
¿Vas al autoservicio?
...que no se te vayan los ojos
Tienes todo a la vista, organizado por grupos: primeros en forma de verduras, ensaladas, potajes y huevos, platos fuertes con distintos tipos de carnes, pescados y pollo, platos de pasta, pizza y los postres con diversas preparaciones no precisamente de dieta (tartas, flanes...), y varias clases de fruta.
Esto es bueno por un lado, y malo por otro.
Es bueno porque está todo ante los ojos y eso permite elegir sabiendo muy bien lo que hay en cada plato. Es malo porque es muy fácil que la visión de numerosas tentaciones te haga caer en ellas (pasta, patatas fritas, salsas muy calóricas...). Qué hacer: basta con que tengas un poco de fuerza de voluntad para salir airosa del lugar.
Podrás seguir a dieta si:
Empiezas por un plato de verduras. La mejor opción es siempre un buen bol de ensalada cruda, aderezada con sal, vinagre y unas gotas de aceite (máxime 1 cucharada) o bien unas verduras cocidas o salteadas con poca grasa. En cualquier caso, es material de alto riesgo calórico las salsas expuestas allí ¬mayonesa, rosa o roquefort son una auténtica bomba de calorías¬. Pasa de ellas, manténte firme.
Un par de días a la semana elige como entrante un plato de legumbres, eso sí, opta por raciones moderadas y ten la precaución de retirar los embutidos o el bacon que suelen acompañarlas. Las legumbres son una excelente fuente de proteínas vegetales, con un alto valor biológico y con la virtud añadida de ser muy saciantes.
Un par de días a la semana puedes optar por huevos revueltos, en tortilla o cocidos.
Como segundo, tomas un filete o un pescado a la plancha, o pollo asado, sin la piel grasa. Las técnicas más light son el vapor, la plancha y el asado.
De postre elige siempre una pieza de fruta. Un yogur "light" o un sorbete son otras buenas opciones para terminar tu comida.
Aunque en cuestión de bebidas no cuentas con muchas alternativas, tienes permiso para beber un vaso de buen vino ¬en comida y cena¬, una gaseosa, un refresco bajo en calorías o agua mineral.
¿En el restaurante de menú?
Elige dos primeros
Es una de las mejores opciones porque hay muchos restaurantes de este tipo, son económicos y ofrecen tres o cuatro platos de primeros y segundos y varios postres.
Resulta un tanto peligroso si la cocina básica del local es a base de guisotes y frituras rebosantes de grasa. Qué hacer: pese a que indique expresamente que se trata de "cocina casera" no te confíes, pues a menudo implica que el cocinero va a hacer especial hincapié en una serie de comidas excesivamente calóricas. Incluso en este tipo de lugares puedes salir victorioso.
Puedes comer en este tipo de locales sin miedo a engordar si:
Como norma general, al elegir sigue más o menos las mismas pautas que en el autoservicio. Siempre habrá, o debería haber, verduras o ensaladas para empezar, y un filete o un pescado a la parrilla como plato fuerte. También es habitual la presencia de algún tipo de fruta entre una variada oferta de natillas, flanes, arroz con leche o helados. Por tu bien, pasa de todo este tipo de postres.
Esa debe ser tu mejor elección.
Seguro que será posible elegir dos primeros platos en lugar de un primero y un segundo. Al restaurante le interesa porque los primeros suelen ser justo los más baratos. Puedes tomar entonces unas patatas guisadas y luego una tortilla o un revuelto de trigueros, por ejemplo. O una buena ensalada verde y un plato de legumbres, desgrasadas (retira el chorizo...). O una sopa o consomé y un arroz con verduras...
Si sospechas que algo de lo que aparece en el menú puede ser muy calórico, no te quedes con la duda. Pregunta al encargado si está hecho con nata líquida, si lleva harina... No hace falta que confieses que estás a dieta, pero si lo que te traen al final no se corresponde con lo que esperabas, siempre puedes rechazarlo.
Fuente:Joan Sisa