Sibaritas a los cincuenta (I)
6/8/2004Está claro que superar la línea mítica de los cincuenta es entrar en la madurez. Estamos camino de la mal llamada tercera edad. La Naturaleza, máxima sabiduría del Universo, ha establecido un comportamiento corporal, emocional, psíquico y social bien diferenciado para cada decenio de nuestra vida. Unos lo llevan mejor y otros peor, pero en cuanto nos disponemos a iniciar el consumo los segundos cincuenta años de existencia nos solemos plantear una manera de actuar ante las circunstancias bien diferente a como lo hemos venido haciendo.
Desde este momento, sin que nos demos cuenta, iremos cambiando los hábitos poco a poco. Deberíamos aprovechar la circunstancia y pensar seria y reposadamente en modificar ligeramente nuestras tendencias, sin necesidad de variarlas sustancialmente. Cuando la juventud nos deja, debemos variar algunos hábitos, pero no necesariamente cambiar de vida. Desde aquí, trataremos de señalar algunas de las costumbres que es bueno controlar.
Comer menos, pero comer mejor
Cuando uno es joven parece que el cuerpo lo acepta todo. Si encima se practica algún deporte, se es nervioso, o se tiene una hiper-actividad, aunque nos pasemos en la ingesta de "bocatas", con la correspondiente sobredosis de hidratos y proteínas, aunque le demos de más al colesterol con buenas raciones de cerdo, huevos fritos y otros compañeros de la gula, o castiguemos hígado y riñones con abundantes dosis de alcohol, casi siempre de baja calidad por aquello de que es más barato, resulta que el organismo va asimilando, como el motor de un coche con pocos kilómetros, todo lo que se le echa.
Pero precisamente en la década de los incomprendidos cuarenta es cuando surgen los primeros síntomas que advierten de que no hemos llevado una conducta precisamente ejemplar en cuanto al asunto de la alimentación. Por ello, al cruzar la mítica barrera del medio siglo, el cuerpo nos comienza a pedir moderación. Y nosotros debemos ser generosos con nuestra máquina porque ya lleva muchos años de rodaje por las carreteras de la vida y nos queda por recorrer el tramo más difícil y con más baches.
El consejo es comer menos, pero comer mejor. Hay que controlar el ácido úrico (gota) vigilando el exceso de proteínas. Para ello buscaremos la compensación mediante una dieta equilibrada. No se trata de privarnos de nada, solo de no cometer excesos. Evidentemente podemos disfrutar con el marisco, pero sin atiborrarnos; debemos ser cautos con las conservas y los salazones, por el exceso de sal, pero no hace falta privarse de su consumo si no hay razones más poderosas.
Decídase a encontrar placer en las cosas pequeñas. Una buena iniciativa será la de intentar ser cada día más sibarita y mejor gastrónomo. Para ello acostúmbrese a la variedad y a las pequeñas cantidades. Muchos restaurantes elaboran los llamados "menú degustación", que suelen constar de cuatro o cinco platos, basados en las especialidades de la cocina del establecimiento pero con raciones más reducidas; tiene la ventaja de ingerir una cantidad total de sólidos parecida pero más variada y con menor posibilidad de incidir en lo no recomendable. Recuerde que "lo bueno, si poco, doblemente bueno". Tome como hábito descubrir nuevas elaboraciones y experimentar, incluso en su propia cocina, recetas en las que hasta el momento no había deparado; observará como se abre ante usted un mundo gastronómico nuevo que le permitirá disfrutar de mil nuevos sabores y creaciones culinarias sin caer en la saturación.
Si es amante de los buenos frutos de mar no se prive de ellos por la dichosa gota, opte por saborear solamente un par de ostras o media docena de almejas vivas de una vez y guarde para el próximo ágape las nécoras o las gambas Si le gustan las diversas formas de degustar el cerdo, hágalo mediante una barbacoa con pequeñas porciones de butifarra cruda, butifarra negra, chistorra y un "cachito" de panceta, pero cuidando que entre todo no pase de unos doscientos gramos; lo puede acompañar con un par de rebanadas de pan de payés convenientemente untado con tomate, una pizca de sal y buen aceite de oliva virgen, a poder ser nada refinado, que nos ayudará con el colesterol.
Existen buen número de especies de pescados frescos que se sirven en la plaza en rodajas o en piezas pequeñas, como la merluza o la lubina. Pruebe de elaborarlos en su propia cocina siguiendo una de las muchas recetas que contienen los buenos libros especializados que se ofertan en las librerías (si desea alguna receta, envíe un e-mail).
Habitúese a la ingesta habitual de pasta de trigo duro. Es un vehículo muy saludable, con contenido cero de colesterol y el mínimo porcentaje (entre 4 y 17%) de ácidos grasos saturados. Contiene la mejor fibra dietética, con la propiedad extraordinaria de aumentar en el intestino hasta quince veces su peso en crudo y 20 veces su volumen, sin producir fermentación ni flatulencias. Durante el trayecto gastrointestinal la fibra se hincha, formando una masa gelatinosa que envuelve los residuos alimenticios. Ello aumenta los movimientos peristálticos del cólon, lo que ayuda a una evacuación intestinal realizada con normalidad, evitando el estancamiento y el restreñimiento, aspectos estos muy importantes para las personas que comienzan a ser mayores.
Tenga muy presente también el beneficio de incluir a menudo en el menú una dosis adecuada de legumbres, verduras y frutas, pues su aporte en hidratos y vitaminas es muy necesario, prácticamente imprescindible.
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Comentarios
- eddy, el 9/17/2009 11:18:02 AMmuy buenas recomendaciones, les felicito, bendiciones
- rosa ortiz, el 7/5/2008 9:11:28 PMla informacion es ta muy interesante y de utilidad
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