Sibaritas a los cincuenta (III)
Si amamos una buena mesa por los placeres que nos regala, debemos amar todavía mucho más nuestro propio cuerpo, para que podamos seguir deleitándonos sin riesgo. Pasada la hiperactividad propia de hasta los cuarenta años, comienza el ver las cosas de otro modo y, por añadidura, el dedicar menos tiempo al cuidado del cuerpo, lo que se manifiesta rápidamente en señales tan claras como el aumento de peso, la desgana en la práctica de deporte, en coger el coche para ir a buscar el periódico... El ejercicio diario es imprescindible siempre, pero mucho más al asumir los cincuenta. No se trata de darnos palizas para eliminar de golpe las adiposidades, ni de practicar arriesgados ejercicios para creer que disfrutamos de la eterna juventud, sino de mantenernos en forma. Así de simple.
Para la mayoría de gente, especialmente las personas adultas, es preferible una actividad de intensidad entre baja y moderada, aunque precise una mayor duración, y concretamente recomendado a quienes tienen una baja forma física, que son obesos, hipertensos o presentan algún problema del sistema cardiovascular. Así, caminar a paso rápido puede ser tan efectivo como otro tipo de ejercicio de más intensidad aunque sea de menor duración.
La energía consumida practicando el cómodo deporte de caminar viene a ser de unas 40 calorías por kilómetro a una velocidad de 5 km por hora. Se recomienda caminar de este modo ligero entre los 20 y treinta minutos diarios, siempre que no se note una muy descompensada aceleración del pulso y del ritmo cardiaco. Piense que la falta de ejercicio físico determina que la sangre estancada en las piernas tenga una mayor tendencia a coagularse y a formar trombos, con los riesgos que ello comporta.
Autocontrolar la tensión
Si usted está bien físicamente, y el médico en sus revisiones periódicas no le ha recomendado abstenerse de nada, no tiene porque variar sus hábitos de gastrónomo. Solo aplique las normas que aquí detallamos. Pero sí será conveniente que a partir de los cincuenta sea un poco minucioso con el control de la tensión. Aproximadamente un 30% de los adultos tienen la presión demasiado alta (hipertensión). Por ello los médicos recomiendan que a partir de los 20 años todo el mundo debería tomarse regularmente la tensión para comprobar si está en sus valores normales. En este artículo nos dirigimos a quienes ya han alcanzado el medio siglo, por lo que se entiende que es imprescindible hacer ahora lo que seguramente no hicimos cuando era necesario hacerlo.
Hay que saber que se puede padecer hipertensión cuando la "mínima" está por encima de 9, o cuando la máxima está por encima de 14. Es suficiente con tomarse la presión una vez cada mes, por ejemplo en la farmacia; aunque hoy existen unos aparatos automáticos muy perfectos que permiten hacerlo uno mismo en casa, a la vez que el aparato, no muy caro, sirve para toda la familia y se amortiza rápidamente.
Si tenemos hipertensión, lo primero que debemos hacer es ir al médico. Y lo ya dicho: vida equilibrada. Es decir, una dieta con más fibra y menos grasas, más ejercicio y menos alcohol, más calcio y menos sal, más magnesio y menos tabaco, etc.
Variar hábitos vacacionales
Pasados los cincuenta, plantéese la posibilidad de dar un pequeño giro a sus vacaciones. Si le es posible, divida en dos su mes de ocio. Dedique una parte de ellas, por ejemplo una semana o diez días, a disfrutarlas en un hotel balneario. De todos es conocido el beneficio de la aplicación de las aguas mineromedicinales que se ofrecen en un balneario, pero no solamente de agua vive el ser humano y un balneario, esté usted gozando o no de buena salud, le ofrece la posibilidad de tonificar su cuerpo en todos los aspectos, incluidos los de una buena mesa acorde con el tratamiento que vaya a recibir. La relación médico-enfermo que se establece en estos centros es importante, por cuanto es más personal que la que se crea en un ambiente hospitalario, desgraciadamente cada día menos entrañable. También tiene gran importancia en los resultados que se obtiene de un tratamiento preventivo termal el ordenamiento de la vida dentro del centro que, aún siendo la de un hotel, comporta un cambio en los hábitos, por lo general poco saludables, de la vida cotidiana de cada uno.
En España gozamos de grandes establecimientos hoteleros dedicados al tratamiento termal y cada vez son más numerosos los clientes de estos centros, quienes acaban irremisiblemente, una vez los han conocido a fondo, repitiendo visita al menos una vez al año. Ahí nos concienciamos de la necesidad de variar algunas de nuestras actuaciones de a diario, sin que, afortunadamente, ello suponga tener que renunciar necesariamente a nuestros gustos y actividades; solo que nos enseñan a hacerlo de maneras diferentes.
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