Donde hay pavo... no manda lechón asado en el "Thanksgiving"

Donde hay pavo... no manda lechón asado en el
Las propuestas de la cocina contemporánea son muy imitadas.

Por fortuna no hemos tenido todavía chefs que perpetren una receta de pavo "deconstruido" para la cena de Acción de Gracias, porque en tal caso muchos estarían hoy a estas horas sollozando hipos inútiles sobre la salsa de arándanos.

Una razón más para creer en la maldición del pavo.

Al taciturno "maleagris pavipollo" -en cristiano, pavo- le van los alegres rellenos y un punto de asado sereno, lejos de esmaltes telúrico-caribeños y otras desviaciones culinarias.

En Estados Unidos, demócratas confesos, republicanos acérrimos, creyentes o ateos por la gracia de Dios, todos son conscientes de que la cena del Día de Acción de Gracias, que se celebra el cuarto jueves de noviembre, se sustancia en el totémico pavo.

El Día de Acción de Gracias ("Thanksgiving") conmemora la llegada de los primeros colonos, a la sazón ingleses, a las costas de este país en 1620, en lo que hoy es el estado de Massachusetts, a bordo del buque "Mayflower".

Es una celebración nacional que ha fagocitado, poco a poco y ritualmente, a los inmigrantes hispanos, que abandonan en esta ocasión su habitual y terca "cerdolatría".

De manera que la querella entre el pavo y el lechón asado, por mucha apología del marrano que hagamos, tiene en esa gallinácea su indiscutible vencedor.

Eso sí, los paladares y las costumbres de los hispanos han modificado la "puesta en escena" de esta íntima y familiar celebración.

Ingredientes de claro acento latino como la yuca, el boniato, el mofongo, el frijol o el arroz acompañan a los clásicos de la cocina estadounidense: mazorcas de maíz, salsa de arándanos, puré de patata, etcétera, para coronar la cena con el imprescindible pastel de calabaza. O una tarta de queso rellena de guayaba.

Así como en la pitanza de Navidad la suculenta fracción de puercos triunfa, la "pavización" de la mesa latina en la cena del Día de Acción de Gracias es casi absoluta.

Hasta los cubanos, verdaderos idólatras del lechón asado, se han entregado al dominio de la carne de pavo en esta celebración de hechura religiosa y gastronómica.

Un buen relleno, con "todos los hierros" y al hispánico modo, no obstante, ayuda a prestigiar al bicho: tajadas de plátano frito, picadillo de ave, tocino, aceitunas, ciruelas, huevo y salchicha son aportaciones de buen mestizaje para el asado.

Lo cierto es que los inmigrantes hispanos, con salsa de arándanos o mojo criollo en la mesa, marcan esta cena al calor de las conversaciones de familia, desbordantes de las historias y los recuerdos de los mayores.

Al fin y a la postre, en la humeante sopa de calabaza o en el "congrí" -arroz con frijoles- que acompañan al pavo subyace la anónima historia de todo inmigrante: crecer significa abandonar.

La "llamada" de la cena de Acción de Gracias reúne a millones de latinos alrededor del pavo, claro está, pero también refuerza su voluntad de seguir adelante.

Es la misma llamada que impulsa -aunque sólo sea una vez al año- a los tan emancipados jóvenes estadounidenses a recorrer miles de kilómetros, como si fuesen salmones remontando la corriente del río, para reunirse con los suyos.
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Fuente:EFE

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