Las algas, legumbres de mar
Numerosos platos cocinados incluyen algas. Basta leer su composición: todo aquel que contiene E 401, 402 y sucesivamente hasta el E 407, tiene entre sus componentes alguna alga marina, aditivo invisible y saludable que no puede superar el 1 % del producto final terminado.
Y cada vez están más de moda. Sólo doce de las 8.000 especies de algas están permitidas para el consumo humano, pero esa docena ha llegado a nuestros mercados con fuerza y bajo distintas fórmulas: frescas, al vacío, liofilizadas... Verdes, rojas, marrones. Todas ellas desbordan riqueza de minerales: yodo, calcio, sodio, potasio, magnesio, fósforo, zinc, hierro... en definitiva, minerales a menudo deficientes en nuestra alimentación, especialmente entre mayores y mujeres embarazadas.
Sin calorías
Las algas rebosan minerales, pero también vitaminas sin calorías. Su consumo regular cubre íntegramente nuestras necesidades, superando incluso a las legumbres terrestres. El cóctel de vitaminas C, D, E es importante, pero aún más lo es su aportación de vitamina A (betacarotenos), que juega un papel esencial en la renovación de la piel, el cabello y la vista, y de vitamina B, indispensable para el sistema nervioso.
Y todo ello sin apenas calorías. La mitad de sus hidratos de carbonos no nos resultan digeribles; en cambio, sus proteínas nos aportan buena parte de nuestras necesidades. Dado que las algas son muy pobres en grasas (de 1 a 3 gramos de lípidos por cada 100 gramos), pero muy ricas en aminoácidos, resultan un alimento perfecto, en especial si consideramos que sus ácidos grasos poliinsaturados participan eficazmente en la regulación de las tasas de colesterol.
Si acaso, conviene evitar la ingestión diaria dado que son muy ricas en fibras y producen sensación de hartazgo y, sobre todo, aceleran el tránsito intestinal con efectos laxantes.
¿Inconvenientes? Debemos acostumbrar nuestro paladar. Y lo mejor es hacerlo gradualmente: emplearlas como especias, espolvoreándolas sobre una tortilla o el arroz; en un caldo caliente, en ensalada con tomate y aceite de oliva; o acompañando en papillote un buen filete de salmón...
Si no te acostumbras a su sabor y no quieres privarte de su riqueza vitáminico-mineral siempre tienes la opción de tomarlas en forma de píldoras o cápsulas. En cualquier tienda de dietética o farmacia podrás encontrarlas.
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