Primeros y segundos platos
Las ensaladas son muy recomendables para abrir el almuerzo, pero alíñelas usted. Si uno tiene ese día un apetito canino y desea ese filetazo con patatas, pida de primero algo suave.
El apasionante mundo del segundo plato exige que durante la semana se alternen carnes blancas con rojas, pescados blancos y azules y huevos, pero ojo con los huevos que pida en una misma comida.
Por lógica, si los primeros son fuertes, los segundos que pequen de suaves y ligeros, y procure que aparezcan por algún escondrijo vegetales y verduras. De todas formas, no hay que abusar de las carnes rojas ni del pan. Si en el menú aparecen otros farináceos (arroz, patata, pasta) olvídese del pan, al igual que si se está atiborrando de patatas fritas. Eso sí, es preferible atacar la barrita de pan que pedir doble postre de profiteroles o hartarse de fritos.
La tentación de los postres
Con frecuencia, los postres suelen machacar las buenas intenciones que uno ha mantenido en el menú. Lo mejor: tomar alguna pieza de fruta o algún lácteo. Pero como variar es fundamental, se pueden combinar algún día con natillas o incluso con sorbetes (más ligeros que los helados cremosos).
¿Y las bebidas? La respuesta más clara es el agua. Una pequeña dosis de vino tampoco hace daño, pero para que esto se cumpla es necesario que dicho vino posea una cierta calidad. El café, al igual que el alcohol, es un irritante gástrico, y no conviene abusar.
Ver Parte III
Si come rápido... al menos coma bien (III)
Fuente:www.alimentacion-sana.org